La crianza es un proceso dinámico que implica una reflexión constante por parte de los padres, un armar y desarmar estrategias, y el ir adaptándose al vertiginoso ritmo de crecimiento y desarrollo del bebé y el niño pequeño.

El niño necesita un acompañamiento respetuoso, con empatía, y una gran generosidad de parte de sus padres para comprender su inmadurez y para lograr que se sienta contenido afectiva y físicamente.

Por esto resulta tan esencial informarse y pensar sobre cómo se desarrollan los niños, qué necesitan, cuándo están preparados para realizar cambios, aprender a descodificar sus señales y contemplar sus iniciativas… Así se logra incrementar la eficacia como cuidadores.

La niñez es una etapa clave para las bases del desarrollo de la persona, y la crianza implica una inversión de tiempo de calidad.

No hay una forma exacta de criar, ni un listado de recetas mágicas; ya que cada niño y cada familia son únicos e irrepetibles. Podrán tener similitudes, pero al mismo tiempo presentan diferencias, que marcan un estilo de crianza particular.

Lo que resulta verdaderamente importante, es elegir el modo de llevar adelante el cuidado integral del niño, y de aquí surgen las decisiones a tomar en relación a: la forma de alimentarlo, si será con lactancia (es más que alimento), dónde dormirá, cómo será su rutina, entre otros.

Cuando surge la necesidad de consultar por cuestiones de crianza, en parte se debe a este camino tan cambiante y vertiginoso que trae aparejado interrogantes, incertidumbre y confusión. A esto hay que sumarle las opiniones y versiones de crianza del entorno, que hace que los padres muchas veces se sienten abrumados.

La crianza está en el marco de una sociedad y una cultura, que comparte mitos, creencias, ideales, y expectativas. Y muchas veces intentar estar a la altura de esto, contradice el estar en contacto con la sabiduría interior, y la observación del propio hijo. La mirada se empieza a desviar para el afuera, en vez de hacer foco en ése niño con sus características y necesidades particulares.

Es fundamental el valor de las palabras de los padres, son los que mejor conocen a sus hijos. Tal como dice D. Winnicott: “Una madre resulta más eficaz que nunca cuando confía en su propio criterio”.

Así y todo muchas veces los padres necesitan consultar en torno a dificultades o inquietudes de crianza, tales como el sueño del bebe (“se despierta muy seguido por las noches”, “le cuesta conciliar el sueño”, “me preocupa que tenga problemas para dormir”, “no lo puedo sacar de la cama”, “se despierta para tomar el pecho”, “solo se duerme con el pecho”), los límites (“hace berrinches”, “llora mucho cuando le digo que no”, “tengo que ponerle límites porque me toma el tiempo”), el desarrollo psicomotor y el juego (“¿tengo que sentarlo yo o se tiene que sentar solo?, “es muy activo y no doy más!”, “se aburre”), la separación (“tengo que volver a trabajar y me angustia separarme”, “llora cada vez que me voy”, “quiere estar solo conmigo”, “se angustia si no me ve”).

El factor común de todas estas consultas es la dialéctica entre las características evolutivas y necesidades del niño, y las expectativas, necesidades y deseos de los padres.

No hay que olvidarse que tanto los padres como el bebé-niño son maestros y aprendices constantemente, es decir, son partes activas en el proceso de crianza.

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Sandra Zampaloni

Lic. Psicología

Puericultora Universitaria

Especialista en Psicoperinatología

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