Bebé en el regazo

 

Cuando nace tu bebé, trae un recorrido previo, una forma de crecer y desarrollarse durante la vida intrauterina, que resulta fundamental ser tenido en cuenta para cuidarlo, contenerlo y satisfacer sus necesidades esenciales. Irás aprendiendo cómo es un bebé recién nacido, con el transcurrir del día a día, descodificando sus señales, calmándolo y acompañándolo. Es importante que recrees un ambiente similar a la gestación, arropándolo, meciéndolo, sosteniéndolo en estrecho contacto. Esto hará que tu bebé experimente menos malestar, y se calme más rápido.

Recuerda que el bebé necesita experimentar una continuidad entre la vida intrauterina y la vida extrauterina.

Para el cuidado de un bebé no necesitas ningún conocimiento científico, sino conectarte con tu sabiduría interior, aunque a veces se presentan dificultades o confusiones en el complejo camino de criar a un bebé.

Paulatinamente, tu confianza en la capacidad de cuidar a tu bebé se irá incrementando, y para esto es necesario considerar que el bebé nace con capacidades innatas para aprender y tiene  innatamente la tendencia a madurar, al mismo tiempo que tú tienes la capacidad de enseñarle y acompañarlo en su gradual desarrollo.

La clave está en que vayas de a poco adecuando tus expectativas con sus posibilidades, para así ir construyendo un ritmo familiar particular, evitando las comparaciones y las exigencias que sólo suman frustración y angustia. No olvides que cada bebé es diferente, ya que podrán compartir características evolutivas, pero el ritmo de crecimiento es distinto así como los padres también lo son.

Descodificar las señales de tu bebé es el mayor desafío en el puerperio, y gradualmente irás logrando diferenciar los motivos de llanto y sus distintas necesidades. Es una tarea que implica un conocimiento y una observación diaria, por eso si lo llevas en contacto, en tu regazo, será más fácil lograrlo.

Las necesidades básicas de un bebé durante el primer mes de vida, se resumen en permanecer en contacto con vos, alimentarse frecuentemente, ser mecido, ser mirado, y recibir contención, atendiendo sus necesidades con empatía y respeto por su vulnerabilidad.

 

 

Sandra Zampaloni

Lic. Psicología | Puericultora Universitaria | Especialista en Psicoperinatología

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