Desarrollo autónomo

La motricidad cumple dos funciones importantes en la relación del niño con su entorno: comunicación (posturas y gestos que acompañan a la comunicación verbal), y desplazamiento (en el espacio) y manipulación (de objetos).

La adquisición de movimientos autónomos establece una nueva relación del niño con el mundo que lo rodea: puede tomar objetos por sí mismo y desplazarse hasta lugares a los que antes sólo llegaba con la colaboración del adulto. Esto favorece el desarrollo de su autonomía.

Pedagogía Pikleriana

Emmi Pikler era una pediatra Húngara que realizaba su trabajo acudiendo a las casas de las familias, y solía acompañar y observar junto a ellas todo lo que el niño era capaz de hacer por sí mismo, intentando transmitir su forma de ver el niño.

Logró elaborar un trabajo sobre el desarrollo motor autónomo y el juego, centrándose en dos necesidades del niño: la necesidad de apego, y la necesidad de autonomía.

Esta pedagogía está guiada por cuatro principios: el valor de la actividad autónoma, el valor de una relación afectiva privilegiada, la necesidad de ayudar al niño a tomar conciencia de sí mismo y de su entorno, y la importancia de un buen estado de salud física.

En esta pedagogía se toma en cuenta las capacidades innatas de los bebés, comprendiendo que no es necesaria la intervención directa del adulto para que el niño aprenda. Así, la mirada se centra en el niño, en lo cotidiano, y el adulto toma una posición no intervencionista.

Para moverse en libertad, e ir conquistando su autonomía y jugar libremente, el niño necesita tener una seguridad emocional por parte de sus cuidadores, que se basa en respetar sus ritmos, sostenerlos con seguridad y afecto, y anticipar las acciones.

Durante el juego del niño, el adulto se convierte en un observador, y el niño es el protagonista.

La postura decúbito dorsal y los movimientos libres, son los factores fundamentales para el desarrollo motor y postural autónomo.

El adulto está presente pero no interviene, más bien brinda confianza al niño en sus posibilidades, creando un espacio adecuado, con ropa cómoda, objetos adecuados a su edad, y colocándolos siempre boca arriba, así los bebés aprenden a rolar, ponerse boca abajo, reptar, gatear, sentarse, ponerse de pie, andar, por sí mismos.

Los padres pueden acompañar a sus hijos colocándolos sobre una superficie firme y libre para moverse, con juguetes u objetos adecuados a su edad, a su alcance, e interactuar con la mirada y la palabra para brindarles seguridad y confianza.

Si el niño se inquieta, es importante contenerlo y levantarlo y probar de colocarlo nuevamente luego.

Respetando esas condiciones del entorno, se favorece el desarrollo del niño.

Emmi Pikler describió diez fases del desarrollo motor y postural basadas en los movimientos por iniciativa del niño.

Las fases van desde la posición dorsal hasta la marcha estable:

FASE 1

Esta fase va desde la postura decúbito dorsal (boca arriba) hasta el colocarse voluntariamente de costado, mantenerse en esa posición y regresar a la posición dorsal. El comienzo de esta fase se caracteriza por sacudidas, flexiones, extensiones de los miembros y movimientos de rotación de la cabeza, aun sin motilidad. Progresivamente, a medida que va avanzando la maduración y la organización del sistema nervioso, los movimientos se van haciendo cada vez más controlados hasta lograr la direccionalidad. El “girar de costado” está iniciado por la rotación de la cabeza y alcanzada por la acción coordinada del brazo, el tronco y por el movimiento de apoyatura de las piernas. Suele observarse entre el 3º y 7º mes.

FASE 2

Entre el 4º y 8º mes el bebé adquiere el “gira boca abajo”. La cabeza inicia el movimiento de rotación del cuerpo, le siguen los miembros superiores, el tronco, y los miembros inferiores que empujan hasta alcanzar la posición. Al principio, esto requiere de un gran esfuerzo y numerosos intentos. Por lo general, las primeras veces que alcanza esta posición, una de las manos queda atrapada debajo del abdomen. Resulta fundamental saber esperar el tiempo que sea necesario para que el niño pueda resolver por sí mismo esta situación.

FASE 3

Pasa de la posición dorsal a la ventral y vuelve a la dorsal. Esta fase incluye las conductas “gira repetidamente” y “se desplaza rodando”. Estas conductas pueden observarse entre el 4° y 9° mes para la primera y entre el 6° y el 10° mes para la segunda. Estos comportamientos permiten alcanzar un objeto que está fuera del espacio próximo, y también para acercarse y alejarse de los adultos.  Cumplen un rol esencial en el desarrollo de la lateralidad, noción fundamental para la ubicación y el desplazamiento del cuerpo en el espacio.

FASE 4

El reptado marca el comienzo de los desplazamientos en sentido antero-posterior. “Repta” es una conducta que se configura entre el 7º y 13º mes, y permite al niño desplazarse con mayor velocidad y alcanzar objetos que se encuentran a considerable distancia respecto de su cuerpo. Este tipo de desplazamiento, conjuntamente con las rodadas, las torsiones y el gateo, preparan la musculatura global del cuerpo para adoptar y mantener la postura sentado y la de pie.

Durante este período, adquiere mayor velocidad y coordinación en el reptado. Gradualmente va despegando cada vez más el tronco del piso, hasta alcanzar la posición “a gatas”, que es cuando el tronco se halla despegado del suelo.

FASE 5

“Gatea” es una adquisición que se caracteriza por apoyar las rodillas y las manos, y puede observarse entre el 8º y 16º mes. Representa un gran avance en la organización postural, por cuanto el tronco se encuentra despegado del piso. Para esto es fundamental que el bebé se encuentre en un espacio amplio que le brinde adecuada estabilidad.

Gradualmente, irá reduciendo la cantidad de apoyos hasta alcanzar la vertical. Iniciará elevaciones de su tronco, apoyando las manos sobre planos verticales y desniveles, preparando la organización postural y la musculatura para la postura sedente.

FASE 6

Se considera que el niño “se sienta” cuando alcanza esta postura en forma autónoma; es decir, cuando su tronco se halla vertical y su peso descansa casi enteramente sobre los dos isquiones y los glúteos. La organización autónoma de la postura sedente se observa entre los 9 y los 16 meses. Esta postura le brinda libertad de movimiento, permitiéndole salir o regresar a ella. Desde el desarrollo motor autónomo, los niños llegan a la postura sedente a partir de la postura “semisentada” o “a gatas”. Por lo tanto, tomar a los niños de las manos para llevarlos a la posición sentada resulta antinatural y antifisiológico.

FASE 7

Logra arrodillarse, a partir de los reptados y gateos, cuando su tronco se encuentra cercano a la vertical y el peso de su cuerpo descansa sobre una o ambas rodillas. Esta conducta se observa entre los 9 y los 15 meses. El arrodillado se presenta como un precursor de la postura de pie y de la marcha que le permite organizar la verticalidad del tronco.

FASE 8

“Se pone de pie” a partir de la postura arrodillada, apoya las manos en el plano vertical proporcionado por las paredes, muebles y el cuerpo de los adultos, llevando a cabo los primeros intentos de  ponerse de pie. Esto puede observarse entre los 9 y los 16 meses.

FASE 9

“Comienza a andar sin sujetarse” cuando, conquistada la fase anterior, retira progresivamente los apoyos de las manos y comienzan a andar sin sujetarse. Esto puede observarse entre los 12 y los 21 meses. En los primeros intentos se desplazan lentamente y los brazos se ubican separados del cuerpo facilitando la organización del equilibrio.

FASE 10

“Camina”: se observa cuando el desarrollo motor se organiza en forma autónoma entre los 13 y los 21 meses. El caminar como conducta preponderante es propia del segundo año de vida. Caminar, representa un salto cualitativo en su desarrollo, y el niño camina no sólo porque cuenta con un repertorio biológico innato, sino también porque lo hacen los que viven a su  alrededor. Esta conducta pone de manifiesto los procesos madurativos y de la organización funcional, así como los procesos psicológicos de identificación, asociados a un deseo profundo de desarrollarse y crecer.

En resumen, las etapas principales del desarrollo motor son:

Fase neonatal: el bebé pasa de estar boca arriba a ponerse de lado: 3 a 7 meses:

Fase de suelo:

– Pasar de boca arriba a boca abajo: 4 a 8 meses

– Pasar de boca abajo a boca arriba: 4 a 9 meses

– Se arrastra por el suelo: 7 a 13 meses

– Gatear: 8 a 16 meses

– Sentarse: 9 a 16 meses

– Arrodillarse: 10 a 15 meses

– Ponerse de pie: 12 a 21 meses

– Dar los primeros pasos: 12 a 21 meses

– Caminar de forma segura: 13 a 21 meses

 

 

Referencias bibliográficas:

  • Pikler, E., “Moverse en Libertad”, Desarrollo de la motricidad global.
  • Link: “Desarrollo Motor y postural autónomo” https://www.piklerloczy.org/sites/default/files/documentos/desarrollo_motor_y_postural_autonomo.pdf
Sandra Zampaloni
Lic. Psicología | Puericultora Universitaria | Especialista en Psicoperinatología
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